Estoy de mal humor

No lo puedo evitar, estoy de mal humor. Las cosas se complican y el entorno no da demasiadas facilidades. Esto me genera tensiones ante la incapacidad de afrontar moderadamente la situación.

Si hay trabajo me pone de mal humor que el equipo no vaya a la velocidad correcta, que no se detecten a tiempo los errores y que no seamos capaces de resolver con la máxima eficiencia algunos proyectos.

Si no hay trabajo me pone de mal humor la sensación de que un frenazo inesperado puede hacer mucho daño en la estabilidad del proyecto, y porque cunde la desmotivación. Esto genera incertidumbre, y eso altera, lo haría sobre cualquiera.

Por no hablar del tráfico ¿de dónde sale tanto coche y porqué han programado los semáforos para perder el máximo tiempo posible? Y los autobuses de los colegios, atascando las avenidas… y cuando llegas ¿dónde aparcas? Esto me genera muy mal humor.

Y así podría seguir sin parar, hasta llegar al momento del miércoles que, tras el Congreso de Emprendedores en Bilbao perdí por exceso de confianza el avión de vuelta a casa tras dos intensos y lluviosos días. ¡Y no le podía echar la culpa a nadie! Estallaba de mal humor.

Pero la vida nos da a veces oportunidades y por esos avatares de la vida tras mi vuelta fracasada al hotel coincidí con Eduardo Jáuregui en la cena.

Por la mañana habíamos coincido como ponentes en el Congreso celebrado en el Bilbao Exhibition Center pero por incompatibilidad de horarios no pude terminar de escuchar (y vivir, y vivir) su ponencia, pero sí me llegaron los ecos de su gran trabajo y el genial impacto de los más de 500 asistentes que estuvieron tras la nariz de clown atendiendo y actuando durante 45 geniales minutos.

Para los que no lo conozcáis Eduardo Jáuregui es, entre otras cosas, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, con tesis doctoral sobre la risa y el humor. Ha estado en diversas universidades británicas estudiando motivos y consecuencias del humor y sus efectos sobre el entorno laboral.

Eduardo también ha publicado tres libros que os recomiendo leer, entre ellos destaca Alta Diversión, los beneficios del humor en el trabajo. Entre otras cosas comienza dando unas buenas razones para tomarse la diversión en la empresa como una cosa muy seria, estableciendo ésta como un valor, un activo frente al modelo cásico el Serious Bussiness.

Nos habla de empresas pioneras, como Google, Southwest Airlines o Ben & Jerrys, entre otras. Y también nos puntualiza algo que rompe con el titular de este post: no hablamos del estado de ánimo de las personas (el buen o mal humor) sino de los estímulos de la risa (el juego, los chistes, las bromas, la comedia.

Y por no extenderme más (y así decir aquello de “Hasta aquí puedo leer…”) determina con gran seriedad, porque esto es muy serio, que el humor aumenta la productividad, estimula la innovación, la comunicación interna y la motivación individual y colectiva.

Sí claro, estamos en crisis, y la gente siempre cabreada ¿Cómo voy a implantar a hora el buen humor?

Pues eso, mejor ahora.

Gracias Eduardo

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